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El mejor consejo financiero que puedo darte.

  • Foto del escritor: Didio Pena Infante
    Didio Pena Infante
  • 15 ago 2021
  • 4 Min. de lectura



Alta rentabilidad, bajo riesgo, corto plazo y alta liquidez.


Apenas descubierto el nuevo mundo, la noticia se esparció como pólvora: Existe un tesoro tan grande como una ciudad. Oro mas allá de lo que el Rey Salomón contempló alguna vez. Millones de indígenas ofrendando piezas preciosas a sus dioses, llenando lagunas y templos con el preciado metal.


¿Quién quiere acompañarme a buscar estos tesoros? Dijo algún noble ambicioso avalado por una carta real.


Y así llegaron mis abuelos, y seguramente los tuyos, detrás de la promesa de una vida mejor, de lograr encontrar un tesoro llamado tranquilidad, de un tesoro llamado prosperidad y tal vez también de uno llamado abundancia, de encontrar el verdadero Dorado.


Si buscamos una inversión ideal, lo que encontraremos será un ideal nunca una inversión. Una inversión real, nunca es ideal por naturaleza.


El desempeño de una inversión está en el futuro, es decir, siempre, no importa cual sea esta inversión, su resultado estará en el mundo de lo incierto. Siempre habrá un costo y un riesgo que asumir.


¿A quién no le gusta el dinero? ¿Quién no quiere ganar mucho, en corto plazo y con bajo riesgo?


Nuestra humanidad ambiciosa, nos invita a soñar con esa abundancia a la que tanto creemos tener derecho. Vemos en el dinero la solución a todas nuestras angustias, y proyectamos en él la felicidad plena. Ese estado anhelado en el cual “podemos hacer lo que queramos” y la condición financiera no es una limitante. Mientras tanto se nos pasa la vida angustiados buscando.


El mito del el Dorado, no es una historia pasada, de conquistadores buscando riquezas en el nuevo mundo y sus territorios mágicos. El mito de el Dorado es la historia constante de la ambición humana y el anhelo de tenerlo todo, de alcanzar por medio de las riquezas un estado de felicidad constante y de plenitud. Tus antepasados buscaron el Dorado, tu buscas el Dorado, yo busco el Dorado, todos buscamos el Dorado.


Ah, pero eso sí, no queremos arriesgarnos mucho, anhelamos guías que nos revelen los caminos correctos, las estrategias adecuadas. No queremos asumir la tarea de aprender de la experiencia propia, no queremos sufrir pérdidas ni decepciones, queremos que alguien nos diga. Desesperadamente queremos creer que alguien ya lo ha encontrado y queremos que nos regale su conocimiento, su receta, su fórmula. Y si es en tres sencillos pasos o en un no muy costoso método, mejor, con eso nos evitamos la angustia y vamos a lo seguro.


Que hermosa fantasía. Mediocridad, miedo o profunda ingenuidad.


El budismo nos habla de tres venenos: Apego, aversión y la ignorancia. Yo creo en en nuestra relación con el dinero podemos identificar estos venenos de alguna manera:


Nos apegamos al dinero como si nunca fuésemos a conseguir más. Enviamos un mensaje a nuestro inconsciente de desconfianza en nuestra creatividad, en nuestra propia capacidad de generar valor. Lo que nos lleva a vivir con miedo permanentemente, evadimos todo aquello que implique riesgo, cuando vivir es arriesgarse, cuando realmente estamos muriendo un poco con cada respiración. Nos negamos a aceptar que lo único cierto es la incertidumbre, que lo único constante es el cambio.


Vivimos la parálisis del análisis, no estamos dispuestos a arriesgar, lo que nos hace pasar muchas oportunidades, y esta dinámica termina presionándonos a tomar decisiones impulsivas, sin un discernimiento personal real y mas bien queremos encontrar esa seguridad afuera, en lo que los demás nos dicen, preferimos confiar en los “expertos”, nos confesamos ignorantes del tema y nos excusamos en ello para confiar en lo que nos dicen los demás: El consejo del millonario que lo logró, la cita de Warren Buffet, la filosofía de Elon Musk, creer que hay fórmulas mágicas, sin pasarlas por el tamiz de nuestro propio proceso, sin atrevernos a comprender desde la propia experiencia, sin atrevernos a vivir nuestro propio camino de aprendizaje.


Si los expertos financieros hubiesen encontrado dichas fórmulas, no nos las estarían vendiendo, estarían aplicándolas ellos mismos para conseguir su propio Dorado.


Todos tenemos derecho a una vida Tranquila, Prospera y Abundante, pero tenemos la obligación de buscarla de manera individual, arriesgándonos a vivir nuestra propia vida, no la de los demás. Esa es la parte que no nos gusta. No queremos lidiar con la incertidumbre, no queremos arriesgarnos. Queremos que alguien nos guíe, que alguien nos diga, queremos creer, queremos confiar.


La realidad: Nadie tiene una fórmula infalible, todos, absolutamente todos estamos buscando lo mismo.


A nadie le interesan realmente tus finanzas. Cada quién tiene una única preocupación: encontrar su propio bienestar, emocional, espiritual y material.


Pululan en las redes los gurús financieros, que dicen haber encontrado la alquimia, ponderan sus verdades como el evangelio y las empaquetan en pequeños frascos, cursos con metodologías infalibles respaldados por sus libros cortos de discernimiento y llenos de fuegos artificiales y propuestas obvias que al final no dicen nada nuevo. Productos de trading de divisas y criptomonedas, esquemas multiniveles, estrategias de dropshipping , que enseñan la alquimia de hacer dinero en unos cuantos sencillos pasos.


Y eso no necesariamente es malo ya que nos dan diferentes perspectivas, nos cuentan sus sueños, sus fantasías, sus verdades, sus autoengaños e incluso sus desfachatadas y simples mentiras.


Es nuestra responsabilidad buscar entre toda esta información, un conocimiento adecuado, nacido de nuestra propia experiencia, de nuestro propio proceso racional y vivencial, que nos permita ir construyendo nuestro propio bienestar.


Oír muchas teorías, muchos conceptos, muchas estrategias , pero tener siempre un criterio propio. Solamente en nuestro interior están las respuestas, sólo nosotros sabemos que es lo mejor para nosotros mismos, pues viviremos nuestras propias consecuencias y con responsabilidad asumiremos las recompensas o aprendizajes de nuestros actos.


Nos conformamos mediocremente con nuestras circunstancias, el miedo se apodera de nuestra endeble humanidad y la angustia y el desaliento llena cada minuto del día, y así se nos pasa la vida.


¡Busca! ¡Busca! Busca el camino del espíritu; está ahí, ahí mismo, lo sabes... ¡Decide! Encuentra la fuerza, encuentra el coraje y no mires atrás, no uses tu pasado como excusa para tu desolada realidad. Tampoco mires el futuro lleno de fantasmas, sólo necesitas el coraje para dar un paso, ya, aquí, ahora. ¡Salta!


Busca la vida que sueñas, reza por encontrar en ti y sólo en ti el coraje de vivirla.


Claro, esta es mi verdad, esto es lo que yo he comprendido.


Ahora te corresponde a ti tomar lo que te sirva y deshacerte de lo que no te agregue valor en tu propia búsqueda la búsqueda de tu Dorado personal en la tierra, atreverte a vivir, a aprender de tus propias experiencias.



 
 
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